La noche de Wine&Sex Primavera

Wine&Sex Primavera

Aterricé en las Bodegas Monje antes de la hora del encuentro, con la única intención de disfrutar de las maravillosas vistas y la soledad del momento. Siempre me gusta llegar a las citas con antelación para poder examinar a cada una de las personas que va llegando… sus vestidos, las parejas, peinados, zapatos… soy capaz de crear una historia con cuatro aspectos básicos de ellas… Eso no significa que acierte, pero me divierte. No os imagináis las cosas que he pretendido… pero ya las contaré.

Wine&Sex da comienzo y todos bajamos al interior de la Bodega. Mi compañero me ayudó ágilmente a sortear los adoquines. Hubiese preferido ir sola.

Todo lo ocurrido esa noche lo recuerdo envuelto en una intensa luz roja. La imagen de una hermosa joven semiatada sobre unas maravillosas barricas donde descansa paciente el caldo de Monje, me viene una y otra vez a la retina. El cuerpo se me erizaba… deseaba ser yo, estar sujeta por las muñecas y a expensas de los designios de otra mujer, cuya mirada transmitía todo el deseo de quien adora saberse observada.

Durante la cena, la Bodega quiso cumplir los deseos de los comensales. Inocentes, llenos de amor… perversos… Casi finalizando, me empujan al escenario y me dejan de rodillas ante el magnífico torso de un impetuoso joven. Su pecho negro marcaba cada músculo escondido bajo su piel y sus pezones duros, iluminaron mi sonrisa al verlos perforados por dos aros de acero.

Una fusta de cuero me indicó que pieza de fruta de cuántas descansaban en él debía comer yo, pero mi lengua quiso pasear antes por cada pezón mientras mis dedos jugaban con el ombligo perfecto del joven…

Lo que comenzó siendo teatro, se convirtió en un juego excitante de dos ante el público. La mueca de sorpresa y excitación del muchacho me contagió víricamente y eso, me hizo disfrutar aún más de mi lengua en su pecho.

Hasta ahora no me ha llegado ningún documento gráfico de mi cuerpo arqueado junto al desconocido del escenario, pero me hubiese maravillado ver como disfrutaba como si de otro espectador se tratase.

Cuando me bajé del escenario, mi compañero se había marchado. Sonreí ligeramente y terminé de endulzar mis labios con la copa de Monje Moscatel que me esperaba en la mesa.

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